Fast Food

Publicado por Ahí está el detalle 5 nov 2009 0 comentarios

La comida rápida hoy día ha ganado terreno en nuestro país, lo que lamentablemente ocasiona que los platillos tradicionales se pierdan, quedando sólo en los recetarios de las abuelitas. El estresante ritmo de vida que actualmente padecen la mayoría de los seres humanos, hace que olviden lo deleitante que puede ser cubrir la necesidad básica del comer. La comida rápida ha llegado a remplazar horas de preparación, dedicación y esfuerzo, convirtiendo todo en un alimento instantáneo, fácil y “rico” de consumir.

Lo que muchos de estos consumidores “ignoran”, son las consecuencias que este suplemento puede ocasionar al ingerirlo constantemente. Empresas como Burguer King, Domino's, Kentucky Fried Chicken y por supuesto McDonald´s, son sólo algunas compañías que difunden la conocida y mencionada “Fast Food”, invirtiendo en ingredientes de baja calidad y dudosa procedencia, teniendo como resultado enormes cantidades monetarias, pues el consumo indiscriminado de los individuos (principalmente de los niños) es cada vez mayor.

Dicha comida transgénica contiene como ingredientes primordiales grasas y azucares dañinos al cuerpo humano, por lo regular bajos en fibras, vitaminas y minerales. Trayendo como consecuencia problemas a la salud tales como: obesidad y sobrepeso, diabetes, hipertensión, problemas cardiovasculares entre muchas otras.

McDonald´s es uno de los consorcios principales de la actualidad que más ganancias obtiene cada año y que por ende está mayormente difundido en la población mundial y mexicana. La publicidad funge entonces un papel importantísimo para la difusión de dicho producto, haciendo una sociedad cada vez más dependiente y consumista de ellos.

El objetivo principal son los niños, ya que la mayoría de los comerciales y anuncios publicitarios se basan en la armonía de los colores y una “atractiva mascota” (un payaso) llamado Ronald. Otro anzuelo que utiliza dicha empresa son los juguetes que vienen junto con la cajita feliz y los espacios recreativos que hay dentro de cada restaurante, tales que influyen notablemente en los pequeños, quienes resultan ser los más afectados.



Existe un documental interesante: “Super size me” de Morgan Spurlock donde se muestra cómo el consumo inmoderado de la comida rápida ocasiona graves daños a la salud. Morgan Spurlock como variable del experimento pone a prueba la resistencia de su propio cuerpo y durante 31 días consume hamburguesas y cualquier producto vendido en McDonald’s. En sólo un mes aumentó más de 13 kilos, su nivel de colesterol subió y sus riñones sufrieron desgate debido al exceso de grasa, entre varias consecuencias que fueron monitoreadas continuamente.

Se propuso que la empresa explicara las secuelas que fueron notables en el sujeto, pero fue evidente que McDonald´s no quiso declarar al respecto, ya que no le convenía hablar sobre los químicos que utiliza para la conservación de la comida, la destrucción natural para la construcción de sus edificios o el maltrato injustificado que padecen los animales sacrificados.


El detalle está en que si bien todas estas empresas de comida rápida nos han atacado con invariables productos, ¿hasta dónde estamos dispuestos a permitir que el control de estos consorcios prevalezca en nuestras vidas? La respuesta es sencilla pues queda en nuestras manos su permanencia en el mercado, y por salud propia nuestro bienestar.

Por Nancy Herón López

Crítica a los funerales en tiempo de muertos

Publicado por Ahí está el detalle 4 nov 2009 6 comentarios


El fondo: un funeral cualquiera.
La escena: mi tía abuela, Margarita, acompañada por una de sus sobrinas, acercándose con la cabeza cubierta por su mantilla a la viuda.
Lo inolvidable: con gesto acongojado, sin entablar contacto visual en ningún momento, mi tía abraza a la viuda -quien solloza cabizbaja- y suelta un: “Muchos días de estos, muchos días de estos…”.
La reacción: por supuesto, la sobrina -con sonrisa de disculpa y cara de incomodidad- le aclara que en estos eventos eso no se dice, que la frase buscada era otra y la apresura, entre risitas, a salir de la sala.

¿Qué quiso decir mi tía? Seguramente un “mi más sentido pésame” o “mis condolencias”; “sentimos mucho su pérdida”, o de menos “lo lamento mucho” (para hablar a nivel personal y no involucrar a toda la familia sin que se entere). Quizá, apostando a verle lo positivo, un “todo va a estar bien”; o incluso, un metafísico “allá está (o va a estar) mejor…” (lo que sea que esto signifique).

Estamos acostumbrados a reaccionar como autómatas ante los ritos que involucra la muerte. Los abrazos fríos y solemnes se ven al por mayor mas no se sienten. Las frases prefabricadas retumban en los oídos de los dolientes sin pausas ni prudencia. El tiempo transcurre de manera sumamente distinta para ellos y los otros individuos que llenan la sala; distinguir a qué categoría pertenece cada persona resultaría tarea sencilla.

En los funerales, lo sombrío está presente en las ropas de los asistentes y casi siempre en sus gestos. Nunca falta quien dice: “¡Hombre! ¡Tanto tiempo sin vernos!” y para cumplir socialmente, agrega en un tono lúgubre y cara de culpa: “Lástima que sea en circunstancias como ésta caray… ¿Lo conocías?” Y de ahí puede surgir una animada conversación donde es recurrente acordarse y charlar de viejos tiempos, actualizar teléfonos, descubrir lo sucedido en la vida del otro, rompimientos, romances, trabajos, pero eso sí, en voz baja para no ofender ni al muertito ni a la familia.

Después de “cumplir” con nuestra presencia en dicho evento, siguen los rosarios, esas citas diarias y nocturnas donde las oraciones son repetidas una y otra vez a modo de mantra para después poder pasar al cafecito, el pan dulce o las tostadas. Ahí ya se vale reír y platicar a gusto. Los hijos de la persona difunta (y algún otro acomedido) se encargarán de que estemos bien atendidos. Por supuesto, tampoco faltarán los abrazos y los “más sentidos pésames”.

¿Será que de plano no somos capaces de manejar las emociones tan complejas que involucra una muerte como el dolor, la pérdida, la tristeza, la ausencia, el enojo? ¿Por eso recurrimos a las frases vacuas? No nos resulta indiferente el fallecimiento de esa persona, eso es un hecho. Así sea por compromiso, finalmente nos encontramos en estos eventos, para acompañar a los vivos o para recordar y despedir al que yace exánime. Sin embargo, desconocemos el cómo conducirnos ante estas circunstancias.

Una posibilidad es que partamos del miedo a provocar más dolor al otro. ¿Y si nuestras palabras no reconfortan a quien las escucha, o incluso llegan a empeorar su sentir? O más llana y simplemente: ¿y si quedo mal? Tememos esto a tal punto que preferimos refugiarnos en palabras o frases “comodín”, cascarones cuyo contenido no es relevante mientras ayuden a sobrellevar la incómoda situación.

Yo propongo apostar por la franqueza. Una ausencia no decidida jamás será grata. No hay por qué empañarla con frases huecas que terminen como sonidos indiferentes ante los oídos de quien necesita escuchar palabras significantes.

Si no sabemos qué decir, mantengámonos en silencio. Si desconocemos cómo actuar, sólo adecuémonos respetuosamente para brindar una sensación de apoyo, si es lo que deseamos. Y de no ser así, ¿qué hacemos vestidos de negro y con cara de hastío viendo el reloj? No permitamos que el compromiso nos involucre en este tipo de situaciones donde nuestra presencia es completamente dispensable. Como diría mi tía Margarita: “Mucho ayuda el que no estorba”. Descanse en paz.


Por Sara Villegas Ramos

La constitución vendida

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La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, al igual que cualquier ley, se hizo para venderse y corromperse. Al ser administrada por el Estado se convirtió en una prostituta que ofrece sus servicios al mejor postor.

Hay que ser realistas, en la época de la compra-venta, todo se vuelve una mercancía, un bien o un servicio. La Constitución no escapa a dicho principio pues es explotada por el Estado para satisfacer los gustos y placeres de unos cuantos hombres privilegiados.

Con las últimas reformas hechas a la ley mexicana por el aparato de gobierno, se ha beneficiado a algunos sectores de la sociedad para que sigan aumentando su poder capital y, así, puedan seguir disfrutando de las caricias y cobijo de una meretriz en la oscuridad de la noche.

Mientras tanto, el pueblo, la sociedad o los ciudadanos en general, no gozan de los mismos servicios que la Constitución ofrece a los hombres con dinero porque el poder económico determina la cantidad de bienes y servicios que las personas pueden disfrutar en la actualidad. La población no puede pagar las altas tarifas que la ley impone para su cumplimiento.

Resulta muy evidente que en la práctica la Constitución no cumple muchas de las garantías humanas que sus páginas contienen. Por ejemplo, ¿quién no recuerda la masacre de Acteal en Chiapas o la represión de la huelga de 1968 y 2000, las agresiones en Atenco o la violencia en Oaxaca? Tan sólo hay que ser ciudadano de un país como México para percibir las mentiras y falacias que las líneas de nuestra máxima carta contiene.

¿Acaso no es el pueblo de México víctima de delincuentes de cuello blanco, llamados burócratas, que no hacen más que acrecentar sus arcas a costa del esfuerzo de la sociedad en general? ¿No andan libres por las calles, y con los mejores honores, aquellos que han endeudado y empobrecido a más de 50 millones de mexicanos? ¿No es acaso una falacia que las personas encargadas de hacer valer la ley sean los mismos que la utilizan para satisfacer sus propias pasiones y deseos?






Por Marco Alonso Sánchez Ledesma

¿Rebeldes con causa?

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“Yo, soy rebelde porque el mundo me ha hecho así…” dice la canción Rebelde a la que Attaque 77 (grupo argentino) le hiciera un cover ¡Qué equivocación! Creo que a mí, como a muchos jóvenes mexicanos, no me gusta quedarme callada o sin hacer nada ante ciertas situaciones incómodas. Esto no quiere decir que mi rebeldía siempre tenga sentido, de hecho varias veces me he equivocado.

Los jóvenes tendemos a ser muy impulsivos y buscamos la manera de expresar nuestro sentir de diversas formas: algunos bailando, otros grafiteando, tocando algún instrumento, con la manera de vestir y más. Por ejemplo, los llamados emos se caracterizan por su aspecto físico y por su manera de mostrar su descontento por medio de la agresión.

Hay grupos de jóvenes o tribus urbanas que manifiestan sus malestares por medio de la violencia, intransigencia, delincuencia, consumo de drogas, racismo, etcétera. Pero, ¿en realidad el mundo tiene la culpa de nuestra rebeldía? ¿Somos rebeldes con causa? Creo que la respuesta a las dos preguntas es no.

Un error muy grande que cometemos la mayoría de los jóvenes es no pensar bien las cosas antes de hacerlas (quede de manifiesto que no estoy generalizando, hay varias excepciones).

El problema, creo yo, radica en la justificación de la rebeldía. Qué perseguimos, a dónde queremos llegar, qué queremos cambiar, cuál es el objetivo de nuestras acciones... Son preguntas que nos deberíamos plantear antes de actuar a favor o en contra de algo.

Es cierto que tenemos toda la libertad de proceder como mejor nos parezca, y no se trata de reprimir absolutamente nada, pero nuestras acciones determinan el tipo de futuro que vamos a tener y, como dicen por ahí, violencia genera más violencia.

Debemos tomar en cuenta que todo lo que pensamos y hacemos tiene repercusiones en nuestra vidas, todo lo que das recibes. Por supuesto debemos hacer algo para cambiar lo que no nos gusta de la sociedad o de nuestra vida personal, pero la mejor manera de comenzar es por uno mismo.

Pensar antes de actuar es lo ideal. La rebeldía sirve para mucho más que para pelearnos con nuestros padres, o escapar de las responsabilidades, por el contrario, sirve para adquirir nuevos compromisos que debemos asumir, y qué mejor que hacerlo por un buen fin: seamos rebeldes con causa.

Por Gissel A. Portillo

La evolución de los videojuegos

Publicado por Ahí está el detalle 3 nov 2009 1 comentarios

Después de querer ser futbolista, otro de mis sueños frustrados fue llegar a ser una estrella de rock. Aunque para ser sincero, con un instrumento musical no soy lo que se dice un prodigio (de hecho no sé tocar ni la puerta), gracias a videojuegos como Guitar Hero o RockBand estos sueños, aunque sea por unos minutos, se vuelven realidad.




Simulo que toco One de Metallica -una de mis canciones favoritas- con una guitarra a escala, sigo las instrucciones que aparecen en la pantalla: verde, naranja, rojo, azul, verde y rojo, azul y amarillo al mismo tiempo, rojo, aparecen sin parar y en secuencia, los dedos de una mano están “pisando” los mismos colores en la guitarra y mi otra mano esta dando chasquidos a la “lira”, como si de verdad supiera.




¡Qué lejos se ven aquellas instrucciones: medio círculo y B, izquierda a derecha y X repetidamente! No más ordenamientos. La primera para que Ryu lance la bola de fuego y la segunda es la instrucción para que Mario pueda volar. Hace más de 15 años este tipo de indicaciones eran suficientes para que un niño de escasos 9 años se divirtiera con un control en la mano frente a un televisor cuando no se podía jugar con un balón en la calle.


Qué divertido era jugar con un zorro, un sapo, un halcón y un conejito arriba de sus naves espaciales en Star Fox; elegir al soviético Zangief , al brasileño Blanka, al hindú Dhalsim, al estadounidense Ken o al japonés Ryu para librar una feroz batalla en Street Fighter; jugar con los hermanos -y siempre amigables- fontaneros italianos Luigi y Mario que junto con su caballo Yoshi trataban día con día salvar a la princesa de las garras de Bowser en Mario Bros del Súper Nintendo (SNES).




No tengo edad suficiente para poder hablar de sus antecesores, no menos atractivos para su época, como lo son el Atari y el Nintendo (NES) que cumplían la misma función entretener a los niños con la ayuda de un televisor con personajes igualmente entrañables como Zelda, Donkey Kong y el propio Mario.


Este tipo de juegos todavía existen, es indudable que el mercado fuerte de los creadores de videojuegos son y seguirán siendo los niños. Antes si una persona que rebasaba los veinte años agarraba un control y se entretenía con un videojuego era tachado de “nerd”, infantil o inmaduro porque esas actividades estaban exclusivamente dedicadas para los chicos. Con el paso del tiempo, tanto las personas como los videojuegos han evolucionando; los controles se vuelven más sofisticados con artículos mas complejos, ya no es sólo un control con dos botones o con seis y una cruz como palanca, ahora se basan en una interacción más elaborada como poder tocar todos los instrumentos de una banda de rock a escala, una pistola o un volante conectados vía bluetooth, que requieren un manejo mas complicado.



Para jugar al tenis necesitas una raqueta, una pelota y una red, además de un espacio abierto muy amplio. Para boxear necesitas unos guantes, un ring y un contrincante de similar estatura y peso. Para manejar un fórmula uno necesitas un automóvil de carreras fabricado por Ferrari o McLaren y una pista de asfalto. Ahora eso ya no es necesario. Xbox, Play Station y por supuesto Nintendo Wii, se han dedicado a multiplicar los títulos de carácter interactivo (sobre todo este último) donde con un control puedes jugar al tenis, boxear, ser un atleta de juegos olímpicos o manejar un auto de carreras con un volante, esfuerzo que demanda una sincronización de movimientos corporales y fondo físico. Todos esos son requisitos que un niño difícilmente puede reunir.



Suena difícil ver a un niño menor de 10 años que no conoció en su esplendor a grupos como Metallica, que toquen la batería como Lars Ulrich o canten a todo pulmón en inglés como James Hetfield Enter Sandman, y menos con la versión de este juego con el grupo británico de los años 60 The Beatles.


La interactividad no se limita a consolas más complejas sino al uso que se le puede dar, como la combinación con Internet, con el cual se puede jugar en línea con otra persona que no se encuentra en la misma habitación que tú, tal vez ni en el mismo país.
Aquellos juegos personales han quedado en el pasado, sentir que das un “toquín” con tu banda como si estuvieras en el festival “Rock in Río”, que puedes boxear como los profesionales en el mismísimo Ceasar’s Palace y derribar antes de los doce rounds a una persona que ni conoces, sentir que ganas el torneo de Wimbledon con un saque as, o que corres en el circuito de Mónaco para ser el mejor piloto de carreras del mundo. Ahora todo es tan sencillo como encender tu consola y disfrutar de la experiencia.
Esto ya no es cosa de niños, los videojuegos han evolucionado.



Por Arturo Aguilar Mireles

¿Me lo posteas por Face?

Publicado por Ahí está el detalle 2 nov 2009 4 comentarios


Si lo que necesitas es buscar amigos perdidos con el tiempo, enviarles mensajes transcontinentales sin dar un paso siquiera, y además de todo, tener la posibilidad de una amistad virtual interactiva, lo que estás buscando es Facebook. Las prestaciones que esta red social ofrece son ilimitadas, incluso brinda la posibilidad de almacenar fotografías en un espacio global inmenso. No lo pienses más: prende tu ordenador, truena los dedos y lanza esa maravillosa fotografía alrededor del mundo.



Mark Zuckerberg creó Facebook en febrero del 2004, siendo aún estudiante de la Universidad de Harvard. Inició como un sitio web gratuito para estudiantes. Con el tiempo la demanda de usuarios fue creciendo, distintas universidades pidieron el software, y en tan sólo dos años Facebook tenía cobertura sobre todo el territorio estadounidense, gran parte de universidades de la India e iniciaba su versión para Alemania.



Las redes sociales no son invento de Zuckerberg. La idea de una web mundial nació de David Bohnett creador de Geocities. Para 1990, Geocities llegó a ocupar el tercer lugar de visitas mundiales en la red. Antes del Caralibro, surgieron distintas redes como Messenger; Myspace, red social que por primera vez agrega un espacio creado por el propio usuario, aunque curiosamente limita el contenido de cada micro página; Hi5, creado para aquellos que no supieron utilizar los layouts (etiquetas) de Myspace; Twitter, y un sinnúmero de espacios virtuales más.



Actualmente, Facebook ocupa el segundo lugar con más visitas virtuales, detrás de Google. Contiene el mayor número de afiliados con 300 millones, quienes invierten 8 billones de minutos en el sitio web cada día. Sí, leyeron bien: 8 billones de minutos robados al ocio, a leer un libro, escuchar música, ver una película o sacarte un moco.



Pero, ¿qué es lo que hace tan atractivo al Caralibro? Cuenta con una base de datos inmensa que permite tener amigos en todas partes del mundo desde México hasta Xanadú. Gracias a los millones de usuarios se han formado grupos con fines comunes como: “Amo reventar globitos de aire”, “Soy creyente de la amistad entre el hombre y la mujer pero si puedo te doy”, y “Todos unidos para que Odessa quite su foto”. Existen 45 millones de estas comunidades en activo.



Existe otra opción llamada “el muro” o “la pared”, donde se publican los comentarios sobre tus fotos que “amigos” de Singapur escriben en una mezcla extraña entre inglés y mandarín. Los gifts (regalos) son íconos que contienen un mensaje y se publican en el muro para que todos puedan ver que alguien te felicitó por tu primera verruga en la nalga, lo cual provocará varios comentarios sobre el gift enviado por tu amigo de Singapur felicitándote por ella y en donde verás un mensaje de un amigo de Kuwait invitándote a comentar sobre su foto donde él tuvo su primera verruga en la nalga y además te invitará a el grupo “Mi primera verruga en la nalga” donde se discutirá en el foro sobre si hacer o no una aplicación, ya sea un quiz o un mini juego en flash, o sobre ponerle a tu nalga distintas verrugas con diferente textura y color.



Una vez hecha tu verruga al gusto, pasas a utilizarla día a día; pero, ¿a tu verruga o a los usuarios del foro de la verruga se les ocurrió leer las condiciones y políticas de Facebook antes de aceptar entrar a la comunidad? En las políticas se escribe:



“Cuando usas Facebook puedes configurar un perfil personal, establecer relaciones, enviar mensajes, realizar búsquedas y consultas, planificar eventos, agregar aplicaciones y transmitir información a través de varios canales. Nosotros almacenamos esta información para poder darte servicio y ofrecerte características personalizadas. En la mayoría de los casos, guardamos los datos de forma que puedas volver a ver mensajes que has enviado, o puedas ver fácilmente tu lista de amigos. Cuando actualizas información, normalmente conservamos una copia de seguridad durante un período de tiempo razonable para permitirte volver a la versión anterior”.



Es decir que Facebook tiene la facultad de almacenar información, fotos, comentarios, direcciones, teléfonos, emails, por un tiempo que no define mas denomina razonable. ¿Qué es “razonable” para Zuckerberg? A fines de octubre de 2007, la súper red vendió el 1,6% de sus acciones a Microsoft a cambio de $240 millones de dólares. ¿Con qué fin? Facebook le concedía a Bill Gates acceso a la base de datos de 300 millones de usuarios para darle a conocer un gusto común de necesidades que los usuarios comentaban en cada pared.



Por si fuera poco, en las condiciones de uso (las cuales se encuentran en inglés incluso para los usuarios de Latinoamérica) se menciona que la compañía tiene la capacidad de modificar sus políticas sin previo aviso y por tal motivo te invita a leer ese apartado con regularidad.



El 4 de febrero de este año Zuckerberg añadió una nueva cláusula sobre privacidad en su contrato con los usuarios, en la cual advierte que adquiere los derechos de forma “perpetua” de todos los contenidos que se suban a la web, ya sean videos, fotos o textos. Si mueres o cierras tu cuenta, Facebook es dueño de todo el material contenido en tu página. Por demás está mencionar el uso que delincuentes le dan a esta página para realizar secuestros y amenazas. Y peor aún es pensar sobre el manejo que dará Zuckerberg a la cantidad de información que tiene en las manos.



Al parecer la afirmación que hacía Andy Warhol de que un futuro todos tendríamos nuestros quince minutos de fama se aproxima rápidamente. Nuestra generación se mide hoy por un aparentar, ser a través de. Un narcisismo encaminado a descubrir que vales más por lo que otros creen y que eres mejor si cientos de personas comentan tu foto de ayer. Los invito a explorarse y perder el tiempo sintiendo su corazón. Quizás en algún momento lo escuchen rumorar lo que ustedes son. Si gustan de más información u orientación sobre cómo cancelar su cuenta, me lo postean por Face. Gracias.








Su majestad... el chisme
Steve Vilchis




El fin de la Cenicienta

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"¡Pervertida! ¿Qué haces aquí?" Así fue como Hyun Jin Hun conoció a la mujer que se convertiría en su tormento y en el amor de su vida. Kim Sam Soon se encontraba desconsolada al descubrir que su novio la engañaba, por lo que en un arranque de sentimentalismo, opta por desahogar su llanto en el que creía era el tocador de damas. Nunca se imaginaría que después de quitarse la faja y el peinado de ocasión, Jin Hun la encontraría semidesnuda y con el maquillaje corrido en el baño de hombres.

Con sinceridad les puedo decir que prefiero ver esta clase de historias a tener que esperar trescientos y tantos capítulos de una historia sobre la María en turno (Mercedes, la del barrio o Marimar) para que el final siempre sea el mismo: "Y vivieron felices por siempre". En la actualidad, las historias presentadas en la televisión mexicana muestran las mismas estructuras: la buena sufrida, la mala muy guapa, el joven apuesto con el que todas desean tener una relación, y ¡tarán! se tiene como resultado la típica historia de la Cenicienta.

My Lovely Kim Sam Soon, al contrario de las telenovelas mexicanas, narra las desventuras de una madura repostera llamada Sam Soon, la cual busca por todos los medios posibles hacerse de su propia cafetería. En sus planes de vida no está el que alguien la mantenga por siempre, sino que, la persona con la que pase el resto de su vida comprenda sus deseos de superación y la apoye en sus decisiones.

Por su parte, Jin Hun intenta zafarse del control de su madre ya que después de que él sufriera un grave accidente, se ha dedicado a buscarle una esposa. Lo que Jin Hun busca es que su restaurante “Bon Apettit” se convierta en uno de los mejores de la ciudad. Y para ello necesitará de la ayuda de Sam Soon, quien resulta ser una experta en repostería francesa.

Conforme la historia va desarrollándose, surgen diversas preguntas sobre el desenlace de la historia debido a que otros personajes entran en la trama y hacen mucho más complejo el final. En innumerables ocasiones llegué a pensar que alguno moriría o que en la mejor de las circunstancias terminarían juntos. Sin embargo, tras 16 episodios, el final fue completamente distinto a lo que me imaginé; no se pareció en nada a las telenovelas de aquí.

Además de ser mucho más corta, My Lovely Kim Sam Soon, telenovela coreana, demuestra que más allá de la historia de la Cenicienta, se pueden desarrollar tramas mucho más complejas en menos episodios y así ofrecerle al televidente finales inesperados.

Sam Soon es el claro ejemplo de que la televisión puede mostrar cosas distintas, no estereotipos donde las chicas tienen cuerpo de super modelos y quieren casarse con chicos ricos que las saquen de pobres. Eso es aburrido y no me transmite nada, sólo demuestra que el ingenio de los productores va en decadencia y que para ellos no existe más nada que no sea María, la del barrio.

Ojalá algún día las telenovelas de aquí dejen de utilizar la misma historia maniqueísta de siempre, pero sobre todo, de aumentarle capítulos cuando los ratings de audiencia suben. No deseo seguir viendo tramas reutilizadas hasta el cansancio, busco algo que me demuestre que existen más cosas además de esperar que alguien me resuelva la vida.

Señores productores: si ya no pueden inventarse historias prometedoras y entretenidas, mejor busquen otra cosa de qué vivir.



Por Lizbeth Alcibar

Detallando...

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La curiosidad es lo que define este espacio. Descubrir anécdotas. Analizar particularidades. Escribir sobre lo considerado pormenor. Estudiar ciertos fragmentos de la vida cotidiana. Reflexionar sobre gestos y rasgos sociales y manifestar opiniones fundamentadas. Porque siempre valdrá la pena rebuscar en lo dado por hecho o en lo pasado por alto y, sin querer, nos resulta fascinante. Por eso Ahí está el detalle... para abarcar cualquier acepción del término y aterrizarla en nuestro día a día mediante textos que sirvan para espiar nuestra realidad e intercambiar miradas cómplices...




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