La censura no es una opción

Publicado por Ahí está el detalle 20 oct 2009 0 comentarios

La tarde era hermosa, los rayos del sol iluminaban la vegetación de los jardines de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Los estudiantes se reunían en las áreas verdes para planear la sociedad del mañana, para construir sueños y fantasías sin censura…pero la construcción de ideales tuvo que detenerse.

Aún recuerdo la música que se escuchaba cuando llegó aquel hombre de edad madura y currículum impecable: dos doctorados, ocho libros y cientos de publicaciones... No obstante, esta persona sirve para dejar muy en claro que la calidad y los valores humanos no los da ningún título. Los nombramientos están tan corrompidos como el mismo hombre.

Este sujeto con temperamento agresivo, fuerte, exigía retirarse a un grupo de alumnos de una de las bancas a la entrada del edificio F de la ya mencionada facultad. Ante dicha situación, ocho jóvenes nos enfrentamos a la censura y autoritarismo de un profesor. Se decidió defender la libertad de expresión y de asociación que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos garantiza.

Mientras nos encontrábamos realizando una animación para la materia de Discurso Audiovisual, apareció el ser humano que se atrevió a decir: “Soy la persona con la mayor calidad moral en esta institución”. ¿Y si esta aseveración fuese cierta? Tendré que aceptarlo: los valores de la humanidad han caído muy bajo y el mundo realmente se ha puesto de cabeza. Que en una institución educativa se censure el trabajo estudiantil es algo paradójico, pues se supone que cualquier centro de enseñanza es creado para fomentar los estudios académicos.

Sin embargo, lo anterior para algunas personas no es una opción. Y la historia del conejo espacial tuvo que detenerse, porque un profesor no estuvo de acuerdo en la utilización de las áreas verdes para trabajos estudiantiles. Ya que de acuerdo con el maestro, estos espacios habían sido construidos para evitar que los alumnos tomaran adecuadamente sus clases.

Ante tal argumento era imposible hacerle entender al profesor que no todos emplean de la misma manera los espacios públicos, y que en está ocasión, se estaba desarrollando una grabación para una de las materias de la Facultad.

Así sucedió, el 16 de octubre se intento asesinar la libertad de ocho jóvenes universitarios y al mismo tiempo se trataba de violar la Constitución, que enuncia: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las capacidades diferentes, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas”.

Cuando en una universidad se violan líneas como las anteriores, frente a varios estudiantes, es claro que los valores y la moral de la sociedad se ha echado a perder. El ejemplo del profesor digno y humano ha quedado lejos frente a la imagen del déspota ignaro.

Ante esta problemática es importante que los jóvenes se unan y aglutinen fuerzas, porque es muy probable que los atentados no vayan sólo en contra de la libertad. Tal parece que el autoritarismo de épocas antiguas vuelve a resurgir para imponerse a la juventud; pero los jóvenes han adquirido experiencia, solidaridad y fuerza para luchar enérgicamente en contra de cualquier signo autoritario.

Son los niños de en medio los que aún creen que los sueños y las fantasías no tienen censura, aquellos que tienen el poder para cambiar al mundo. Los mismos hombres que se han propuesto asistir al derrumbe de los viejos templos cuando los ídolos se destruyen contra el suelo…


Por Marco Alonso Sánchez Ledesma


De placeres y tentaciones

Publicado por Ahí está el detalle 19 oct 2009 7 comentarios



Tentación: "Instigación o estímulo que induce el deseo de algo.

Persona, cosa o circunstancia que la provoca."
Real Academia Española



Nos asusta disfrutar. Nos dan miedo las tentaciones. El placer desde siempre ha sido víctima de culpas ajenas. Hemos desarrollado como humanidad una serie de límites y barreras para permitirnos sentirlo. ¿A qué le tememos tanto?, ¿qué sucede con lo moralmente correcto?

La historia lo ha perseguido y castigado injustamente. Imposible recordar desde cuándo se han castigado diversas formas de placeres que -por ende- se convirtieron en culposos, como el comer más allá de la saciedad, bailar, perder el tiempo, reír a carcajadas, el sexo sin afanes reproductivos, descansar, probar dos sabores distintos a la vez, besar a quien no se debe aunque se quiera…

Huimos desde el aroma de un delicioso postre hasta de unos labios desconocidos. No se nos permite caer a gusto en esos anzuelos, redonditos. Nos mesuramos con temor a una franqueza que no podríamos manejar al no estar acostumbrados a ella. ¿Por qué si todos disfrutamos de más de un placer culposo, no le quitamos el adjetivo? Dejémoslo sólo en placer, en gustos, en disfrutar caer en tentaciones de vez en vez. Olvidarnos a momentos del “qué dirán”.

No se confunda el párrafo anterior como una invitación a prescindir de límites. Son necesarios. Nos ayudan a mantener el equilibrio tanto personal como social. Sin embargo, debemos analizar bajo cuáles nos conducimos, quizá alguno sea prescindible y pudiéramos gozar más de ciertas situaciones u oportunidades.

¿Por qué no gozar de la capacidad perturbadora que una mirada puede tener sobre nosotros?, ¿o del sabor del chocolate?, ¿para qué seguir atesorando sonrisas en las comisuras de los labios? Hay que definir prioridades y distinguir entre tentaciones; descubrir por cuál vale la pena arriesgarse un poco. Después de todo, si presumimos buscar la felicidad en nuestras vidas, ¿conocemos la unidad correcta para medirla? ¿Cómo sabremos entonces si al perdernos de esos minutos, amores, besos, sonrisas, de esos pequeños placeres, no la estamos alejando?

Y… ¿qué sucede cuando nosotros mismos, como personas, resultamos tentadores? ¿Lo disfrutamos? Me parece que todos gozamos ante la idea de provocar sensaciones en el otro. Jugamos con las miradas, las sonrisas; intercambiamos posiciones como objetos del deseo. Sin embargo, la mayoría de las veces toparemos con pared, ya que el temor de uno u otro a que la travesura se salga de las manos frenará aquel mudo diálogo.

Ahí hallamos otro problema: queremos tomar el placer y controlarlo a nuestro antojo, como si de nosotros dependiera el sentirlo o no y cuánto. Él llega a nosotros, nos descubrimos sus víctimas de vez en cuando, pero jamás decidiremos bajo qué estímulos lo sentiremos y bajo cuáles no. El placer disfruta de sorprendernos; quizá por eso el temor, perdemos cada vez más nuestra capacidad de asombro y nos negamos a asumir que existen cosas sobre las cuales no tenemos control alguno.

Dicen que el pecado es el consentimiento de la tentación. Me parece que ya tenemos suficientes culpas. Complazcámonos de vez en cuando. Nos lo merecemos. No perdamos oportunidad de disfrutar momentos, comidas, carcajadas, personas, besos, sueños, que pueden ya no presentarse. Después de todo, sólo se vive una vez.


Por Sara Villegas Ramos

*¿Y por qué no?: ¿El fin lo vale?

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Estoy harta de despertarme a las ocho de la mañana para ir a trabajar, de lunes a sábado; es el problema de ser estudiante y querer hacer mil cosas más a la vez. Todos los días es igual: me levanto, me baño, me cambio y me voy corriendo a mi trabajo, porque tengo la maldita costumbre de llegar tarde. Llego y acomodo todo en el cyber para que después una bola de chamacos lleguen a jugar X-BOX 360 y me dejen el piso lleno de papitas…
Me choca estar sentada toda la mañana, pero no me queda más que hacer, porque mi tarea o mi obsesión por Internet no me lo permiten. Siempre se me olvida desayunar y tengo que salir a la tienda a comprarme mi lechita y mis galletas, ¿nutritivo, no?

Después salgo corriendo del trabajo porque tengo clase de inglés, ¡ay cómo me mata el camino hasta la escuela!, porque tengo sólo 20 minutos para llegar, de los cuales: 5 se van en correr, 5 más en esperar el pesero, 10 en llegar a CU, otros 5 en caminar hacia la facultad y 20 en saludar a todos los amigos que me encuentro en el camino… y de nuevo llego tarde.

Llega la hora de la comida e intento alimentarme sanamente, pero ¿cuál es mi sorpresa? En la facultad siempre venden lo mismo, deliciosos platillos como tacos de canasta, empanadas, enchiladas de pollo seco, sopes de bistec, gorditas grasosas, chapatas con carne pasada y comida corriente… perdón, corrida. Lo malo es que termino por ceder ante tan suculentos manjares.

Bueno, ya en las clases “normales” me dispongo a entrar con todas las ganas del mundo, pongo atención 30 minutos y luego me pongo a pajarear… a pensar en las tareas que no he hecho, en mi ropa que no he acomodado, en el chico que me gusta, o en la inmortalidad del cangrejo… y otra vez no entendí lo que se habló en clase.

Aquí vamos, salgo de la escuela y lo único que quiero es llegar a mi casa, pero ¡oh, gran desilusión! la fila del pesero siempre está hasta el “gorro”… Está bien, no queda de otra más que esperar y aprovechar esos pequeños momentos libres para filosofar, preguntarme qué estarán pensando las demás personas y ponerme a crear historias en la cabeza.

Estando en mi dulce hogar me siento a cenar y a distraerme viendo el noticiario, pero con lo único que me encuentro es con problemas, ¡ay no!, mejor checo mis pendientes en la agenda y… más problemas. Si no tengo que buscar información para mi programa de radio, tengo que practicar con la guitarra, o hacer trabajos en equipo, y eso si no tengo tarea…

Por fin son las 3 de la mañana, mi hora de dormir… un nuevo día llega y aquí vamos otra vez, pero sin duda, EL FIN LO VALE, ¿por qué no?… y para ti, ¿qué vale tu fin?


Por Gissel A. Portillo

Directorio

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¿Quién es Nathalie?

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Nathalie Escutia López


* Oveja Bullicioza… (sic): Ente errático de incorregibles dispersiones mentales. No hace mucho rondaba los pasillos de la facultad; el patetismo soleado inundó sus pasos antes de que el eco desapareciera entre inconcebibles recovecos, sólo por escucharla farfullar: “Si juego a abrirme la cabeza con un abrelatas, esto sería lo instantáneo, estándar, fácil de digerir…”

“…De mi descontento general (no gratuito) hace tiempo que nació un híbrido: antidepresivo favorito de algunos, la más nefanda aparición de otros, pequeña criatura intoxicante para los menos, (y me río para mis adentros, no creo tener tanta suerte). Irresponsable como nunca lo seré, adicta a lo ridículamente imposible. Me mueven los crutones, el chocolate y el café (me incluye la maldita úlcera que carcome mis entrañas, pero todos necesitamos un vicio). Un poco más que eso (agitado, no revuelto), se llama Nathalie. Oveja b, si juego a la indisoluble grosería del anonimato... ¿Alguna pregunta?”


* Oveja porque me sé dentro del rebaño y una más del molesto vaivén…

Bullicioza con “z”, denunciando la (in)discreta y desgastante irreverencia (si ella habrá de acabar conmigo o yo con ella…habrá que esperar para ver).



¿Quién es Tony?

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Marco Antonio Durán Pérez

"Cortas sentencias vienen de la larga experiencia". Con esta frase en mente, procuraré notarme breve. Me llamo Marco Antonio, aunque la mayoría no usa mi segundo nombre. Soy Marco a secas, o Tony, que es como me hago llamar. Soy un tanto obsesivo-compulsivo y siguiendo con esta línea puedo advertiros que soy un lector veloz pero un escritor bastante pausado. Disfruto de una buena lectura, pero la tarea de un escritor me exige mucha concentración. Ya que toqué el tema de las artes literarias, podría seguir enumerando las cosas que realmente disfruto...

La música. Soy de cierta manera un músico frustrado (aunque aún albergo ciertos momentos catárticos para este trauma), y a pesar de esto, la música es mi vida. Me encontrarán con unos audífonos como si éstos fuesen necesarios para mi desempeño diario; el rock es el género por excelencia, pero disfruto de muchos otros.
El cine, animación, diseño gráfico, futbol, lenguajes, viajes, son otras situaciones lúdicas que realmente me definen o me identifican, no sabría decirlo. No podría enunciar que lo que nos gusta es lo que nos representa, pero trato que esto les permita dilucidar quién soy.

En fin, el proyecto blogístico que los trae a estas líneas hará posible una mejor interpretación de quién soy a través de los múltiples escritos que publicaré en este portal.
Pleased to meet you!

¿Quién es Ana?

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Ana Bertha Pérez Villa

Mi nombre es Ana Bertha, pero prefiero Ana. Tengo 24 años. En las mañanas trabajo en la aseguradora AXA y por las tardes estudio la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Entre mis gustos y placeres se encuentra la poesía: disfruto perderme en la Táctica y estrategia de Benedetti, sin dejar pasar el Síndrome para finalizar con Hagamos un trato. Tolero cualquier tipo de música, aunque me encanta la trova. Me considero una persona sociable, risueña, súper simple. Me gusta conmoverme y sorprenderme por los detalles. Un poco testaruda, imprudente, valiente, dedicada, generosa, solícita, atractiva, entretenida, mal pensada, autodestructiva, amigable, sonriente, encantadora, puntual, perseverante, constante, ambiciosa, inteligente, colaboradora. Algunas son virtudes y uno que otro defecto, pero soy así, sin máscaras, sólo pretendo ser franca.

Detallando...

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La curiosidad es lo que define este espacio. Descubrir anécdotas. Analizar particularidades. Escribir sobre lo considerado pormenor. Estudiar ciertos fragmentos de la vida cotidiana. Reflexionar sobre gestos y rasgos sociales y manifestar opiniones fundamentadas. Porque siempre valdrá la pena rebuscar en lo dado por hecho o en lo pasado por alto y, sin querer, nos resulta fascinante. Por eso Ahí está el detalle... para abarcar cualquier acepción del término y aterrizarla en nuestro día a día mediante textos que sirvan para espiar nuestra realidad e intercambiar miradas cómplices...




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